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El 20 de julio, fecha patriótica y trascendente, desde hace un poco más de dos siglos, cuando se dio el conocido “grito de independencia”, que a pesar de no haber logrado una independencia definitiva,  afianzó pensamientos de un pueblo acostumbrado a vivir bajo el yugo de la corona. Ocho años después, bajo la dirección de generales como Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander, seriamos al fin independientes.

¿Pero, en realidad qué tan independientes somos?. Ya han pasado siglos desde que ocurrieron estos hechos, aún así,   somos una nación que a pesar de estos sucesos no ha aprendido a aceptar lo que somos; muchas veces optamos por otras costumbres, marcas, productos y hasta vocablos provenientes del extranjero. Por ende, no hemos formado nuestro propio sentido de identidad nacional, situación preocupante para todos aquellos que decimos sí a lo nuestro. Una nación carente de identidad no puede ser llamada nación, pues dista mucho de la concepción socio-ideológica que describe a un grupo de personas que comparten ciertos aspectos culturales comunes. Y es que resulta inconcebible que hoy en día no seamos conscientes  de todo el patrimonio cultural que tenemos, de lo legítimamente nuestro, de lo que somos, y de dónde venimos. Basta pensar en el día en que llegaron unos europeos a “civilizarnos”, cuando en realidad venían a extinguir todo rastro de cultura auténtica . Hoy, debemos ser capaces de reconocer que estamos en uno de los países más hermosos del mundo, con una biodiversidad maravillosa, que según lo expresado por Luis Miguel Renjifo “hay más de 1900 especies de aves en Colombia…El país cuenta con 26000 especies de flores” (2016). . Unido a lo anterior, los paisajes exuberantes, bellos y fascinantes a nivel global, tales como el salto del Tequendama en Cundinamarca, lago de Tota en Boyacá o Caño cristales en La Macarena, son destinos turísticos que cualquier extranjero desearía visitar. Ahora bien, la diversidad folclórica reflejada en cada uno de los eventos y festivales que ciñen la bandera Nacional, demuestran que nuestro país es, sin lugar a dudas, un fortín cultural que emana de las tradiciones y costumbres propias de sus pueblos,  qué gratificante resulta ver a la gente de un pueblo en un festival como el de barranquilla o el de negros y blancos, en aguinaldos y hasta en el mismísimo festival de las flores, disfrutando y deleitándose mientras comparten en paz; poder demostrar al mundo que en Colombia, en lugar de de armas hay acordeones, de violencia hay fiestas y festivales, y que aunque aún exista un poco de soberbia en algunos de sus habitantes, existe también humildad en todos sus corazones. Es hora de reconocernos como lo que somos, si no lo hacemos nosotros ¿quién lo hará? .

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Santiago Cardenas.

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